Sólo quiero que supieran algo.
La vida es una ensalada.
Tengan cuidado con los condimentos...
Sólo quiero que supieran algo.
La vida es una ensalada.
Tengan cuidado con los condimentos...
Tú propósito siempre ha sido cambiar, mejorar y luego de eso dejar... Pero esta vez no cumpliste tu trabajo. Cambiaste, sí, pero sientes que el resentimiento corroe el corazón y las acciones se vuelven confusas, sin control y en camino a la perdición...
Ten cuidado, no dejes que caiga en el pozo; guía el camino... ayuda, deja de dañar...
Otro más se te escapó de la red, deberías aprender a retenerlos mejor... y este sí que se veía prometedor...
¡Eres el peor! ¿Cómo dejas que una criatura tan tierna se te escape? ¿Cómo no sabes controlarte y conservar lo que de verdad vale la pena? Apestas...
No sirve pedir perdón y lo más probable es que no una señal de "retorno" en tu camino a la soledad... A la soledad que te provocas tú mismo al creer que el aire de la ciudad donde vas es más limpio, cuando en realidad tú eres la contaminación...
La verdad es que hay personas que se pueden manipular muy fácilmente...
- ¿Qué haces? - preguntó el pelirrojo casualmente.
- Te amo - fue la respuesta que recibió, por una coincidencia; una hermosa coincidencia donde la espontaneidad del menor se juntó con su pregunta y el momento neutral se transformó con una leve y mágica esencia...
- También te amo - pensó él.
Hay ocasiones en que la belleza no es una virtud, es una prueba que debes saber controlar y superar para estar con la persona que te ama. Sobre todo cuando la acompaña la inseguridad y/o la indecisión.
Céntrate en lo que tienes y no en lo que podrías tener.
Sigfrid llegó junto a Alex con sus verdes ojos enrojecidos por contener el llanto y le ofreció de las galletas que intentaba comer.
- ¿Quieres? - le ofreció al pelirrojo.
- No... ¿Qué te pasa?
Sigfrid no se contuvo más, abrazó a Alex y comenzó a llorar en silencio. Alex lo abrazó para mostrarle su apoyo, aunque no supiera qué pasaba.
Al cabo de un momento se separaron y se sonrieron tímidamente. El muchacho de ojos verdes intentó comer otra galleta, pero apretó el envoltorio con las que quedaban en su mano.
- ¡Ni siquiera tengo hambre!
- ¿Qué pasa? - volvió a preguntar Alex y lo tomó por la cintura.
- Después te cuento... y no me tomes así o me van a retar...
Alex se alejó, con un leve sentimiento de culpabilidad, pero ¿quién lo iba a retar? ¿Por qué? Dejo pasar esto, por el momento.
Conversaron un instante y Sigfrid se marchó de nuevo; pero volverían a hablar y todo se aclararía...
Gracias por la confianza.
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