Cada abrazo que te di esa mañana no era por lo que había pasado en la noche; cada abrazo eran las palabras que no me atrevía a decirte.
Pero nada pasó, sólo dormías y el tiempo hizo que mis nervios colapsaran y vomitara todo lo que quería decirte... mala cosa, ahora no sé qué piensas de mí y la vergüenza se apodera más de mí.